Hola a todos, soy Alberto Hidalgo y os doy la bienvenida a este blog.
En esta ocasión os voy a hablar de algo personal.
Os voy a hablar del día más feliz de mi vida.
El pasado viernes 29 de mayo fue un día muy especial para nosotros. Llevábamos más de dos años juntos, dos años de felicidad que han pasado volando.
Nada en esta vida ocurre por casualidad. Llegamos cada uno a la vida del otro como si no hubiera ningún motivo concreto y al poco tiempo nos volvimos inseparables.
Nuestra relación floreció con total naturalidad y por eso decidimos dar el paso.
Fue en febrero cuando lo hablamos por primera vez. Los dos habíamos salido escarmentados de la experiencia con otras personas, pero debido a lo bien que estamos y que nos entendemos, al amor que nos profesamos y a lo a gusto que estamos el uno con el otro decidimos dar el paso.
Entre febrero y mayo realizamos las gestiones pertinentes, recopilamos la documentación, la presentamos y firmamos.
Una vez terminado este proceso llegó el día.
El viernes 29 junto a la madrina fuimos al lugar de reunión. Allí nos encontramos con el padrino.
Los cuatro juntos entramos en la sala y se celebró la ceremonia. Fue un acto sencillo y bonito. Fue emocionante. Diana estaba preciosa, como siempre.
Una vez finalizado el acto, firmados los documentos y sellada la alianza eterna entre los dos nos fuimos a comer junto a los padrinos.
Fuimos a un bonito y agradable restaurante donde disfrutamos de una agradable velada y por supuesto, hubo tarta. Todo fue sencillo: no buscábamos grandes lujos ni grandes cosas, ya que es algo para nosotros y nadie más y así fue.
Después de la comida regresamos a casa y continuamos con nuestra cotidianeidad y nuestro amor, nuestros proyectos de cine, nuestro entrenamiento y nuestra literatura. Seguimos con nuestra vida en común tal y como nos llena y que así sea por muchos años.
Una vez terminado este proceso llegó el día.
El viernes 29 junto a la madrina fuimos al lugar de reunión. Allí nos encontramos con el padrino.
Los cuatro juntos entramos en la sala y se celebró la ceremonia. Fue un acto sencillo y bonito. Fue emocionante. Diana estaba preciosa, como siempre.
Una vez finalizado el acto, firmados los documentos y sellada la alianza eterna entre los dos nos fuimos a comer junto a los padrinos.
Fuimos a un bonito y agradable restaurante donde disfrutamos de una agradable velada y por supuesto, hubo tarta. Todo fue sencillo: no buscábamos grandes lujos ni grandes cosas, ya que es algo para nosotros y nadie más y así fue.
Después de la comida regresamos a casa y continuamos con nuestra cotidianeidad y nuestro amor, nuestros proyectos de cine, nuestro entrenamiento y nuestra literatura. Seguimos con nuestra vida en común tal y como nos llena y que así sea por muchos años.
Esto ha sido todo por ahora.
Hasta la próxima!
Alberto Hidalgo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario